La familia de los trastornos de ansiedad incluye el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno de pánico y la agorafobia, el trastorno de ansiedad social, el trastorno obsesivo compulsivo y el trastorno de estrés postraumático. El trastorno de ansiedad generalizada (TAG) es el más común y se caracteriza por una preocupación persistente y excesiva por los eventos y actividades cotidianas que la persona encuentra difíciles de controlar.

Si bien la mayoría de las personas se preocupan por las cosas cotidianas, como la familia, las presiones laborales, la salud o el dinero, preocuparse por este tipo de cosas no suele interferir con el funcionamiento diario. Sin embargo, las personas con TAG encuentran que su preocupación es excesiva (se preocupan más por una situación o escenario que los demás o “desproporcionan las cosas”), difícil de controlar y generalizada (la preocupación comienza por un evento específico pero luego se extiende a todos los eventos similares o relacionados). El TAG a menudo resulta en discapacidad ocupacional, social y física, así como angustia emocional.

Hay un 9% de posibilidades de que una persona desarrolle un trastorno de ansiedad generalizada en algún momento de su vida, y el 3% de la población será diagnosticada con TAG en un año determinado. Este trastorno es uno de los diagnósticos más comunes en el nivel de atención primaria. La edad de aparición del TAG es bastante variable, oscila entre los veinte y los cuarenta años, pero la mayoría informa que siempre han sido preocupantes y que la preocupación se está convirtiendo en una desventaja. Las mujeres son más propensas a desarrollar TAG que los hombres.

El TAG tiende a desarrollarse gradualmente y fluctuar en severidad con el tiempo. Aunque la mayoría de las personas parecen ser sintomáticas la mayor parte del tiempo desde el inicio del trastorno, aproximadamente una cuarta parte de las personas con TAG exhiben períodos de remisión (tres meses o más sin síntomas).

La investigación ha identificado varios problemas centrales en el desarrollo y mantenimiento de GAD. Por ejemplo, la intolerancia a la incertidumbre sobre el futuro se ha identificado como uno de los temas centrales en GAD. El papel de “preocuparse por la preocupación”, en el que las personas creen que la preocupación es incontrolable o inherentemente peligrosa, también es central. La preocupación excesiva también puede ser una forma de evitar el procesamiento emocional relacionado con el miedo, y el papel de la desregulación de las emociones y la evitación experimental también puede ser central para el TAG.

Preocupación excesiva que dura meses, más algunos o todos los siguientes:

  • Sentirse inquieto, agitado o nervioso.
  • Estar cansado fácilmente
  • Tener dificultad para concentrarse o tener la mente en blanco.
  • Estar irritable
  • Tener músculos tensos o doloridos.
  • Tener dificultad para conciliar el sueño, permanecer dormido o tener un sueño inquieto e insatisfactorio.
  • Sobre planificación
  • Excesiva elaboración de listas
  • Buscando la tranquilidad de otros

CÓMO TRATAR LA ANSIEDAD

Mejorar significa ganar control sobre la preocupación. Se ha demostrado que varios tratamientos psicológicos ayudan a las personas con TAG, pero la terapia cognitiva conductual (TCC) produce las mejoras más consistentes y duraderas.

Parece que los siguientes componentes del tratamiento son los más importantes:

Un enfoque en el que a las personas se les enseñan habilidades para controlar su ansiedad, así como asumir la responsabilidad del cambio y el control sobre sus pensamientos, sentimientos y comportamiento.

Identificando activamente y desafiando pensamientos preocupantes.

Entrenamiento de relajación (generalmente una forma de relajación muscular progresiva) para controlar la tensión física.

TRATEGIAS DE ENTRENAMIENTO PARA CONTROLAR LA ANSIEDAD Y REDUCIR EL ESTRÉS:

Use métodos de relajación, como la relajación muscular progresiva, ya que las personas con ansiedad generalizada tienden a aumentar los niveles generales de excitación.

Planifique actividades a corto plazo que sean agradables o que distraigan (particularmente aquellas actividades que han sido útiles en el pasado).

El ejercicio es útil para controlar la preocupación, ya que el ejercicio libera sustancias químicas del cerebro que contrarrestan la ansiedad y el bajo estado de ánimo. También da tiempo lejos de las preocupaciones y elimina la “energía nerviosa”. Se recomienda que las personas hagan al menos media hora al día, tres días a la semana, de ejercicio cardiovascular.

Utilice la resolución estructurada de problemas para lidiar con factores estresantes que pueden contribuir a la preocupación. Cuando se enfrentan a problemas difíciles de la vida, muchas personas no tienen habilidades de afrontamiento adecuadas y, en consecuencia, sienten que no pueden controlar lo que les está sucediendo. Estos sentimientos contribuyen en gran medida al desarrollo de la preocupación. Si bien todos tienen problemas en sus vidas, estos problemas pueden volverse más evidentes y más difíciles de manejar si es más probable que se preocupe. La capacitación en resolución estructurada de problemas puede ser extremadamente útil. Las habilidades efectivas para resolver problemas pueden reducir, minimizar, controlar o incluso prevenir la preocupación excesiva en la vida diaria.

Si evita situaciones o actividades debido a la ansiedad, confronte gradualmente las cosas que teme con la exposición gradual. Por ejemplo, una jerarquía, dependiendo de cuán temeroso encuentre cada paso, podría ser:

1. No revisar el teléfono durante una hora
2. Llegar tarde a una reunión
3. Comprar comestibles sin una lista
4. Organizar una fiesta de cumpleaños
5. Aceptar una invitación sin mirar primero su calendario
6. Dejar su teléfono móvil en casa para día

Hacer uso de intervenciones cognitivas:

La mayoría de las personas con TAG comúnmente cometen dos errores en su pensamiento: sobreestimación (sobreestiman la probabilidad de que algo malo suceda; es decir, “Esto será un desastre; es mejor que me prepare para lo peor”) y subestimación (subestiman su capacidad para hacer frente ; es decir, “tendré un colapso; no podré controlarme”). Desafíe estos pensamientos preocupantes aprendiendo a reconocer los pensamientos angustiantes, probando si el pensamiento es realista (es decir, “¿Qué evidencia tengo que no respalde estos pensamientos?”) E identificando alternativas más realistas (es decir, “¿Qué tan probable es que sea ¿mis predicciones temerosas realmente ocurrirán? ”)

Las personas con TAG también deben trabajar para desafiar sus creencias y suposiciones sobre sí mismas. Por ejemplo, su preocupación podría ser “Nunca estaré preparado a tiempo”, lo que puede ir acompañado de la suposición de que “si algo sale mal, es mi culpa” y la creencia subyacente de que “soy un fracaso”. Las estrategias de terapia cognitiva pueden ayudarlo a identificar y desafiar estos supuestos y desarrollar creencias alternativas y más realistas.

Las personas con TAG deben explorar y desafiar sus creencias sobre la preocupación. Puede creer que preocuparse ayuda a controlar eventos potencialmente negativos o que preocuparse es útil, pero tales creencias positivas sobre la preocupación mantienen la preocupación y la ansiedad.

Una vez que haya identificado y desafiado sus pensamientos negativos, practique desviar la atención del pensamiento. Las intervenciones basadas en la atención plena también pueden ayudarlo a permanecer centrado en el presente.

Utiliza la regulación emocional y la atención plena. La investigación sugiere que la preocupación puede servir como una forma de evitar el procesamiento emocional. Participa en estrategias de regulación de emociones y habilidades de atención plena, ya que te ayudarán a identificar y experimentar las emociones subyacentes.

Evite usar medicamentos sedantes o alcohol para controlar su ansiedad.

Remítase a una consulta especializada o iCBT si los síntomas persisten durante más de tres meses a pesar de las medidas anteriores.